San Guillermo: llegar a uno de los parques más inaccesibles de Argentina
En marzo de 2026 un grupo de Centinela Explora completó el itinerario íntegro al Parque Nacional San Guillermo, en la puna sanjuanina. Un destino que no siempre se puede alcanzar — y que cuando se alcanza, deja algo distinto a la mayoría de los viajes.
Un parque que pocos llegan a conocer
El Parque Nacional San Guillermo está en el extremo norte de la provincia de San Juan, en plena puna, a más de 3.000 metros de altitud en su mayor parte. Es uno de los parques nacionales menos visitados de Argentina — no porque le falte valor, sino porque le sobran obstáculos. Los caminos son de tierra, las distancias son enormes, las condiciones climáticas pueden cerrar el acceso de un día para otro, y el aislamiento es total: no hay señal, no hay pueblos cerca, no hay margen de improvisación.
Eso convierte cada viaje a San Guillermo en algo que no se puede dar por sentado. La salida de marzo de 2026 logró completar el itinerario entero — algo que no siempre ocurre — y esa sola certeza, la de haber llegado, ya es parte de lo que hace valioso al viaje.
La puna como protagonista
San Guillermo no es un parque de fauna abundante y visible como otros destinos del país. La fauna está — vicuñas, guanacos, algún cóndor — pero la inmensidad del paisaje hace que los avistajes sean esquivos y poco frecuentes. En esta salida el registro de fauna fue moderado: se vio algún chinchillón, ese roedor de la puna parecido a una vizcacha de altura, ágil entre las rocas y casi invisible hasta que se mueve.
Pero reducir San Guillermo a la cantidad de animales vistos sería perderse lo esencial. El protagonista real del parque es el paisaje: la puna en su forma más pura, una sucesión de quebradas, salares menores y cerros de colores que cambian con cada curva del camino, en una soledad que pocos lugares de Argentina todavía conservan.
La observación astronómica
Si hay un momento que definió esta salida, fue la observación astronómica. La altitud, la sequedad extrema y la ausencia total de luz artificial convierten al cielo de San Guillermo en uno de los más oscuros y nítidos del país — superior incluso al de otros destinos de astroturismo más conocidos como El Leoncito, precisamente por su aislamiento absoluto.
Sin ciudades cercanas, sin caminos iluminados, sin ningún tipo de contaminación lumínica, la Vía Láctea se ve como una franja sólida que cruza el cielo de lado a lado. Es una de esas experiencias que cuesta describir hasta que se vive: el cielo nocturno de la puna profunda no se parece al cielo que la mayoría de la gente conoce.
Un viaje distinto
San Guillermo no es para quien busca garantías. Es para quien entiende que parte del valor de un destino está en lo difícil que es llegar, y que la recompensa no siempre viene en forma de fauna fotografiable, sino en la sensación de haber estado en un lugar que muy pocos argentinos pisan.
Para quienes valoran el aislamiento real, los cielos sin contaminación lumínica y la idea de completar un itinerario que no siempre se puede cumplir, San Guillermo ofrece algo que ningún otro parque de la región puede igualar.