De luna llena a montañas de colores: la travesía que nos transformó en La Rioja

Naturaleza, historia y una comunidad de viajeros que hizo de este viaje algo inolvidable
Cada travesía tiene su propio pulso. En este caso, La Rioja nos recibió con paisajes que parecen de otro planeta, historias de lucha por la tierra, viñedos escondidos entre cerros, y un grupo que lo vivió todo con emoción, sensibilidad y alegría.
El primer día ya marcó el tono de lo que vendría: después de recorrer el Valle de la Luna en el Parque Provincial Ischigualasto, el atardecer se volvió mágico con la luna llena asomando lentamente detrás de los cerros. Nos detuvimos en silencio. Era solo el comienzo.
Talampaya bajo la luz del día… y la promesa de la noche
El segundo día disfrutamos a pleno del Parque Nacional Talampaya. Caminamos por la Quebrada de Don Eduardo y exploramos su geología majestuosa. Por la noche, teníamos planificado un recorrido con luna llena, pero las nubes dijeron otra cosa. Aunque nos quedamos con las ganas, el grupo lo tomó con calma y aprovechó para descansar. La pausa resultó valiosa: el día siguiente nos esperaba con una travesía intensa.
Laguna Brava: el altiplano nos recibe con su silencio
El tercer día partimos hacia la Puna riojana. A más de 4000 metros sobre el nivel del mar, la Laguna Brava nos mostró su espejo turquesa, rodeado de cumbres nevadas, flamencos andinos y un cielo que parecía estar al alcance de la mano. Era un lugar para contemplar, respirar hondo y agradecer. La inmensidad del paisaje hizo que cada cámara se disparara, pero también que muchos guardaran el celular para vivirlo sin filtros.
Esa noche, ya más distendidos, compartimos una degustación de vinos en el hotel. Brindamos por lo vivido y por lo que faltaba por descubrir.
Famatina: historia, colores y el día más poderoso del viaje
Si algo aprendimos en esta travesía es que siempre puede haber un día más inolvidable. Y en esta oportunidad, Famatina se llevó ese lugar.
Nos internamos en el Cañón del Ocre, rodeados de tonos naranjas, rojos y amarillos que contrastaban con un cielo limpio. Apreciamos paisajes que parecen haber sido pintados a mano. Pero no solo fue un día de paisajes impactantes. También conocimos su historia: la lucha de su pueblo por preservar las sierras frente a la megaminería. Una historia de resistencia, amor por la tierra y defensa de lo propio, que nos tocó profundamente.
El grupo —una hermosa mezcla de fotógrafos, curiosos y amantes de la naturaleza— generó una sinergia especial. Las conversaciones fluían, las risas también. Fue el cierre perfecto.
“Fue un viaje que me conmovó. Me llevó a pensar en todo lo que tenemos para cuidar, y también en todo lo que la naturaleza nos regala cuando sabemos mirar”. — Participante de la travesía a La Rioja
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