Aprendimos, reímos y nos llenamos de naturaleza: así fue nuestro viaje a El Palmar

Inicio entre sonrisas y pantanos

La salida empezó con sonrisas tímidas y muchas ganas de escaparnos un rato de la ciudad. En nuestro primer encuentro con la naturaleza, visitamos un campo en el Delta del Paraná donde nos recibió el equipo del Proyecto Pantano, que nos abrió las puertas de su trabajo de conservación del ciervo de los pantanos. No solo nos contaron todo lo que hacen para proteger esta especie amenazada, sino que lograron transmitirnos su pasión. Jugamos, caminamos entre pastizales, hicimos yoga al aire libre y compartimos un almuerzo delicioso. Ya desde ese momento el grupo empezó a conectarse.

La llegada a la Reserva Aurora del Palmar fue el broche perfecto para ese día: palmeras, cielos amplios, olor a campo, una rica cena y la sensación de que estábamos donde teníamos que estar.

Safari, bicicletas y cielo estrellado

Al día siguiente, salimos en camionetas 4x4 para hacer un safari fotográfico entre palmeras yatay. Vimos carpinchos, hermosas aves como garzas o el martín pescador, y paisajes que nos dejaron sin palabras. Más tarde, tomamos las bicicletas y pedaleamos por el Parque Nacional El Palmar, dejándonos llevar por los senderos y las sorpresas que nos regalaba cada curva del camino.

Cuando cayó la noche, la naturaleza nos ofreció otro regalo: una noche estrellada para vivir una experiencia de astroturismo inolvidable. Con una copa de vino entrerriano en la mano, escuchamos historias del universo mientras mirábamos el cielo como pocas veces se puede mirar.

Canoas en el arroyo Los Loros

Agua, caballos y despedidas

No faltaron las aventuras en el agua: remamos en canoa por el arroyo Los Loros y el Río Uruguay, navegando en silencio entre aves y vegetación. También nos subimos a los caballos para una cabalgata tranquila entre pastizales y palmares, que nos dejó una calma difícil de explicar con palabras.

Y cuando creíamos que ya habíamos vivido todo, una segunda salida en canoa por el arroyo El Palmar nos regaló una despedida suave y emotiva. Algunas fotos, abrazos espontáneos y ese silencio lindo de los viajes que no queremos que terminen.

Grupo de viajeros en El Palmar

Un viaje que nos dejó pensando

Cada parada fue una oportunidad para aprender. Desde el trabajo del Proyecto Pantano, hasta las charlas con los guías sobre las especies exóticas que amenazan el equilibrio del ecosistema, todo nos hizo tomar conciencia de cómo nuestras acciones pueden ayudar (o dañar) a la naturaleza. Sentimos que ser parte de este viaje fue también ser parte de un cambio positivo.

Un grupo inolvidable

Casi nadie se conocía de antes, pero en pocos días ya compartíamos charlas profundas, risas a carcajadas y hasta algunas confesiones. Eso que pasa cuando las personas se encuentran en el momento justo, en el lugar indicado. Terminamos el viaje siendo mucho más que un grupo: fuimos una pequeña comunidad, unida por esta experiencia única.

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